Cómo aprovechar al máximo las deducciones fiscales para reformas

Cuando piensas en una reforma, seguramente te viene a la cabeza el presupuesto, las obras y el diseño… pero quizá no le das el peso que merece a la parte fiscal. Y, sin embargo, si planificas bien, Hacienda puede convertirse en tu aliada: una parte importante de lo que inviertas puede volver a ti en forma de deducciones, bonificaciones y ayudas. La clave está en saber qué obras dan derecho a deducción, cómo justificarlas y cómo encajarlas en tu calendario y en tu declaración de la renta.

En España, en los últimos años se han creado varias deducciones en el IRPF para obras de mejora de la eficiencia energética, además de bonificaciones en impuestos municipales como el IBI o el ICIO, y deducciones específicas por accesibilidad y rehabilitación. Si tú estás pensando en reformar tu vivienda, este es el momento perfecto para entender cómo aprovechar todo ese abanico de incentivos y no dejar dinero encima de la mesa.

Aviso: lo que verás aquí es información general basada en la normativa y criterios vigentes a día de hoy; las deducciones pueden cambiar y siempre es buena idea contrastar con la Agencia Tributaria o con un asesor fiscal antes de tomar decisiones.

 

Qué tipo de reformas pueden darte ventajas fiscales

No todas las reformas desgravan igual ni por los mismos canales. A grandes rasgos, puedes beneficiarte por tres vías:

Por un lado, están las deducciones estatales en el IRPF por eficiencia energética, que son el gran protagonista del momento: se aplican a obras que reduzcan la demanda de calefacción y refrigeración, el consumo de energía primaria no renovable o que supongan una auténtica rehabilitación energética del edificio.

En segundo lugar, existen deducciones y regímenes específicos para obras de accesibilidad (por ejemplo, si hay personas con discapacidad en la vivienda) o determinadas actuaciones de rehabilitación, que se encajan en otros artículos del IRPF y, en algunos casos, en regímenes transitorios de la anterior deducción por inversión en vivienda habitual.

Y por último, tienes incentivos municipales y autonómicos: bonificaciones en el IBI e ICIO asociadas a mejoras energéticas, instalación de renovables o rehabilitación, y deducciones propias de muchas comunidades autónomas para rehabilitación y eficiencia.

La gracia está en entender cómo se combinan (y cómo no), y en diseñar tu reforma de forma que se alinee con los requisitos legales.

 

Las tres grandes deducciones estatales por eficiencia energética

Ahora mismo, las grandes protagonistas en el IRPF son las tres deducciones temporales por obras de mejora de la eficiencia energética de viviendas, reguladas en la disposición adicional quincuagésima de la Ley del IRPF y prorrogadas en varias ocasiones.

Simplificando mucho, tienes:

  1. Deducción del 20 %
    Pensada para obras en tu vivienda habitual o en otra de tu propiedad que consigas alquilar como vivienda (no turística) y que reduzcan al menos un 7 % la demanda de calefacción y refrigeración, según los certificados energéticos de antes y después de la obra.

La base máxima anual es de 5.000 € por vivienda, y las cantidades satisfechas deben estar entre el 6 de octubre de 2021 y el 31 de diciembre de 2024 (para viviendas individuales), con certificados expedidos antes de 2026.

  1. Deducción del 40 %
    En este caso, la reforma debe lograr una reducción de al menos un 30 % del consumo de energía primaria no renovable, o bien mejorar la calificación energética de la vivienda hasta A o B.
    La base anual máxima suele situarse en 7.500 € por vivienda y, igual que en la anterior, hablamos de obras desde el 6 de octubre de 2021 hasta el 31 de diciembre de 2024, con certificado posterior a las obras dentro de los plazos marcados por la Agencia Tributaria.
  2. Deducción del 60 %
    Esta es la más potente, orientada ya a obras de rehabilitación energética de edificios residenciales completos. Se exige una reducción mínima del 30 % del consumo de energía primaria no renovable del conjunto del edificio, o llevar su calificación a A o B.

Las cantidades se pueden aplicar sobre una base máxima acumulada de 5.000 € anuales por contribuyente, pudiendo llegarse a un máximo de 15.000 € si hay inversión continuada, y el periodo de obras se amplía hasta el 31 de diciembre de 2025, con certificados antes de 2026.

Un matiz importante: las tres deducciones no son compatibles entre sí para la misma obra. Es decir, tendrás que ver cuál encaja mejor con el tipo de intervención que vas a hacer y con los objetivos energéticos que vas a conseguir.

 

Otras deducciones y beneficios a tener en el radar

Más allá de la eficiencia energética, hay otras actuaciones que también pueden tener premio fiscal. Por ejemplo, las obras de accesibilidad en viviendas de personas con discapacidad, tanto en el interior de la vivienda como en el edificio (rampas, ascensores, plataformas elevadoras…), tienen un tratamiento específico con bases máximas de inversión deducible de hasta 12.080 € anuales en determinados supuestos.

A ello se suman las deducciones autonómicas por rehabilitación, accesibilidad o eficiencia que muchas comunidades han regulado en sus tramos del IRPF, y que pueden añadir un porcentaje extra sobre el importe invertido.

Y no olvides los incentivos municipales: algunos ayuntamientos contemplan bonificaciones del IBI durante varios años cuando se realizan mejoras energéticas o se instalan sistemas de autoconsumo, y también bonificaciones en el ICIO para rebajar el coste de la licencia de obra. Cada ciudad tiene sus reglas, así que aquí es obligatorio consultar la ordenanza local.

 

Cómo diseñar tu reforma pensando en las deducciones

Aquí viene la parte clave: si tú quieres aprovechar de verdad las deducciones, no basta con “hacer obras y ya está”. Es fundamental que la estrategia fiscal y la estrategia de reforma vayan de la mano.

Lo primero es decidir qué enfoque te interesa más: ¿vas a limitarte a cambiar ventanas y mejorar cerramientos para entrar en la deducción del 20 %? ¿Vas a apostar por un paquete más completo de aislamiento, sustitución de caldera y mejora de instalaciones para intentar llegar al 30 % de reducción de consumo y optar al 40 %? ¿O te estás planteando una rehabilitación de edificio en comunidad que pueda aspirar al 60 %?

En función de eso, tendrás que trabajar con técnicos que puedan simular y justificar esas mejoras energéticas. Los certificados de eficiencia energética antes y después de la obra no son un mero trámite: son la prueba que Hacienda te pedirá para demostrar que cumples los requisitos.

Además, el calendario importa. Las normas fijan fechas límite para que las cantidades invertidas den derecho a deducción y para que los certificados se expidan en plazo, así que conviene cuadrar plazos de obra, pagos y emisión de certificados con los años de declaración en los que te interese aplicar la deducción.

Cuando trabajas con un equipo como Reformas Barcelona Studio, puedes plantear desde el principio: “quiero que esta reforma entre en la deducción del 40 %”, y que el proyecto técnico, la elección de materiales y el propio calendario se ajusten a esos requisitos.

 

Documentación imprescindible para no perder la deducción

Hacienda no se fía de la buena fe; necesita papeles. Si quieres tener tranquilidad a futuro, durante la reforma acostúmbrate a pensar como un auditor: todo debe quedar documentado.

Necesitarás las facturas completas emitidas a tu nombre, con detalle de las obras realizadas, fechas, base imponible y tipo de IVA. No valen “presupuestos pagados” ni recibos sin desglosar. Las cantidades deben haberse satisfecho por medios que permitan traza (transferencia, tarjeta…), no en efectivo, si quieres que sean deducibles.

Te harán falta también los certificados de eficiencia energética antes y después de las obras, registrados conforme a la normativa de tu comunidad autónoma, ya que la deducción exige no solo hacer la obra, sino acreditar oficialmente la reducción de demanda o consumo o la mejora de calificación.

Si recibes subvenciones ligadas a fondos Next Generation o a programas autonómicos, guarda cuidadosamente las resoluciones y justificantes, porque esas ayudas pueden tener efecto en la base sobre la que aplicas la deducción y también en tu tributación (en muchos casos se consideran ganancia patrimonial).

Un buen truco es tener una carpeta física y otra en la nube dedicadas solo a la reforma: contratos, licencias, facturas, certificados, correos. Cuando llegue el momento de hacer la renta —o de enseñarle algo a Hacienda— lo agradecerás.

 

Errores frecuentes que te pueden dejar sin beneficio

Hay ciertos fallos muy típicos que hacen que una reforma “verde” se quede sin premio fiscal:

Uno de los clásicos es no pedir certificado energético previo, hacer las obras y, cuando toca la declaración, encargarse solo del certificado final. Sin comparativa, no hay forma de acreditar esa reducción del 7 % o del 30 %.

Otro fallo habitual es mezclar reformas de decoración con actuaciones de eficiencia energética en las facturas sin separarlas claramente. El problema es que la deducción solo se aplica sobre las obras que cumplen los requisitos; si en la misma factura está la pintura del salón, la reforma del baño estético y el cambio de ventanas, y todo ello bajo un único concepto, luego será difícil defender ante Hacienda qué parte corresponde a qué.

También suele suceder que se aplica una deducción incompatible sobre la misma obra (por ejemplo, intentar aplicar a la vez el 20 % y el 40 % de eficiencia por el mismo conjunto de actuaciones) o que se pasan los límites de base de deducción y se pretende deducir más de lo permitido.

Por último, mucha gente se olvida de verificar si hay deducciones autonómicas o bonificaciones municipales adicionales. Es decir, hacen el esfuerzo de cumplir con la estatal y luego dejan pasar una bonificación en IBI o una deducción de su comunidad por falta de información.

 

Estrategia fiscal inteligente: reformar con cabeza

Si quieres de verdad exprimir las deducciones fiscales para reformas, la mejor receta es sumar tres ingredientes: buen proyecto técnico, buena ejecución y buena planificación fiscal.

Puedes plantear la reforma por fases, priorizando primero las actuaciones que entran en las deducciones de eficiencia energética (por ejemplo, aislamiento de fachada, cambio de carpinterías, sistema de calefacción más eficiente) y, en una segunda fase, las actuaciones más estéticas o de redistribución interior que no tienen impacto tan claro en la factura de la luz ni en la eficiencia energética. Así concentras el esfuerzo en lo que más deducción puede generar y lo que más ahorro te va a dar a largo plazo.

Además, tiene sentido coordinar la reforma con otros objetivos financieros: si vas a alquilar la vivienda, puedes valorar cómo tributarán esos alquileres, qué amortización podrás aplicar y cómo se conjuga con las posibles deducciones por rehabilitación; si es tu vivienda habitual, quizá te interese sincronizar la obra con otros hitos (como cambios de hipoteca, venta de otra vivienda, etc.).

En todo este puzzle, un estudio de arquitectura y reformas con experiencia, como Reformas Barcelona Studio, puede trabajar de la mano de tu asesor fiscal para cuadrar técnicas, plazos y números y que la reforma tenga sentido tanto en plano como en la declaración de la renta.

 

Reformar con ayuda de Hacienda… y de buenos profesionales

Aprovechar al máximo las deducciones fiscales para reformas no va de “buscar trucos”, sino de hacer las cosas bien: mejorar la eficiencia energética de tu vivienda, ganar confort, revalorizar el inmueble… y, además, recuperar una parte del esfuerzo económico gracias a los incentivos que ya existen. Cuando alineas proyecto, ejecución y fiscalidad, tu reforma deja de ser solo un gasto y se convierte en una inversión mucho más redonda.

Si tú estás pensando en dar el paso y quieres que tu reforma no solo sea bonita y funcional, sino también inteligente desde el punto de vista económico, contar con un equipo que entienda el contexto actual es clave. Reformas Barcelona Studio puede ayudarte a diseñar y ejecutar tu reforma integral teniendo en mente los requisitos técnicos de las deducciones y las ayudas disponibles; y tú, con toda esa información ordenada, podrás sentarte con tu asesor o con la propia Agencia Tributaria para rematar la jugada en la renta. Empieza a imaginar una reforma que te mejore la vida… y también los números.

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